I Encuentro de
Hermandades y Cofradías de la
Esperanza Macarena.
BAJO UNA MISMA MIRADA (Crónica de un
Encuentro)
Todos nos conocíamos. Bastó una mañana radiante, un
primer cruce de miradas en el atrio y un cortés y
escueto saludo, adornado con una sonrisa, para caer
en la cuenta. Aquellas emociones, aquellos gestos de
admiración y aquellos rostros ilusionados nos
resultaban cercanos y hogareños.
Igual que la familia numerosa que vive desagregada
por la distancia, los macarenos acudimos a la
llamada de nuestra Madre para convivir en torno a
Ella. En un Viernes Santo de sol alto que da lustre
a la Ciudad, todos los que la necesitan vienen a
buscarla sabiendo que quedarán heridos cuando la
dejen marchar en la lejanía de unos ojos vidriados
que siguen encandilados la estela de su manto. Ves
otra vez a la misma gente en la misma esquina de
siempre esperando a la Virgen y porfiando contra la
incontenible impaciencia que acumularon durante
meses, siendo uno entonces capaz de distinguir tanto
a las ausencias como a los que se estrenan. Todos
esos fieles que en esas horas se dan cita en el
lugar exacto que le marcan sus sentimientos son de
los tuyos, de los nuestros, porque es el mismo
motivo el que los y nos convoca: la Esperanza.
Algo de esto, o mucho, quizás, tuvo el “I Encuentro
de Hermandades y Cofradías de la Esperanza
Macarena”. Porque, igual que en una mañana de
apoteósica recogida de la Cofradía, allí, en verdad,
todos ya nos conocíamos cuando llegamos a sus
plantas. Juntos fuimos formados en la primera de las
conferencias para imbuirnos de los valores
cristianos que nos mueven. Juntos nos emocionamos
escuchando el texto de la segunda mientras
contemplábamos el rostro fotografiado de una Virgen
que bien parecía ir tomando vida a medida que el
orador nos clavaba en el corazón sus palabras.
Juntos compartimos mesa y mantel, discursos y
alimentos, conversación y pensamientos. Juntos
fuimos de visita a conocer nuevamente las entrañas
que, como cofre inmenso, guarda y custodia nuestros
tesoros más preciados que tan de memoria nos
sabemos. Juntos compartimos con el Pastor que nos
guía la solemnidad de una Función conmemorativa de
la Coronación que ni en los Cielos hubieran
preparado mejor. Juntos visitamos los idílicos
jardines del Alcázar, empinadas sombras que han sido
testigos de tantos acontecimientos históricos, a los
que a partir de esa noche habrá que añadirle otro
más que quedará grabado en el frescor de sus
murallas. Y juntos nos despedimos con esos sones de
las afiladas cornetas de la Banda de los Armaos que
siempre que suenan imprimen en el aire la eternidad
de lo clásico.
Un grupo de macarenos estuvo trabajando en este
proyecto desde varios meses antes. Ellos han sido
los hermanos mayores de la familia, los que han
preparado este rato de convivencia para los demás,
los que, quitando horas a las suyas, nos han
regalado a nosotros las nuestras. Nunca será
suficiente el agradecimiento para ellos, del que
aquí dejamos pública constatación.
Juntos, siempre y en todo momento juntos, en emotiva
apoteosis de esta gran familia macarena. Porque,
como ha quedado dicho, en el fondo, todos nos
conocíamos sobradamente. A Ti, Madre de la Esperanza
más rotunda, pedimos que esto que sucedió como una
revelación anunciada quede grabado en nuestra
memoria y no se dilapide en el saco del olvido. Que
este sublime acontecimiento sea solamente una
primera piedra sobre la que se cimente un
interminable edificio. Que este primer encuentro nos
motive para seguir trabajando por una Hermandad cuyo
eje devocional gira sobre la gigantez de una Virgen
que, una vez más, nos ha demostrado que cuando
actuamos en su nombre al mundo se le borran las
fronteras, el tiempo y el espacio desaparecen y todo
se vuelve armonía, fraternidad, sonrisa y alegría,
esto es, Gloria que anuncia su cara. Que ese fin de
semana que con tanta intensidad compartimos sea la
referencia de nuestra vida cotidiana, que nos
comportemos en nuestro día a día como en aquellos
instantes nos comportamos, que actuemos con nuestros
semejantes como en aquellas horas lo hicimos con
ellos y que ofrezcamos siempre, siempre, siempre,
allá por donde pasemos y allá donde en cada momento
nos encontremos, la única verdad que nos sustenta y
que nos mantiene vivos: la del rostro macareno de la
Esperanza.
Texto: Fernando Vaz Calderón.
Fotos: DIHOR
ALGUNAS FOTOGRAFÍAS DEL I ENCUENTRO

















